"No temas, porque yo estoy contigo. No tengas miedo, porque yo soy tu Dios. Te fortaleceré, y también te ayudaré. También te sustentaré con la diestra de mi justicia." (Isaias 41:10)
Me da la impresión que mi oración no pasa del techo ¿Ya sentiste alguna vez algo parecido?
Todo el mundo necesita orar y muchas veces no es que no sepamos que necesitamos hacerlo, todo el mundo sabe que el poder llega a través de la oración.
Orar, dice Elena deWhite, “es el acto de abrir nuestro corazón a Dios como a un amigo.” Orar es nada más y nada menos que conversar con un amigo, A los amigos les gusta conversar. Si alguien no tiene deseo de conversar con su amigo, no es porque ignore el hecho de que los amigos necesitan conversar. El problema está en su relacióncon el amigo. Alguna cosa anda mal. Alguna barrera fue creada. La amistad está alterada y la solución no consiste en leer libros u oír sermones que señalen el deber de conversar con un amigo. Es preciso que le enseñen como resolver el problema con su amigo, paraque la amistad vuelva a ser lo que era antes.
Algunas reflexiones anteriores hablamos sobre “Andar con Dios”, que él nos considera justos y santos, no porque nunca pequemos, sino en la medida en que nos tomamos del brazo poderoso de Cristo y caminamos humildemente con él. El Espíritu Santo es el representante de Cristo hoy y aquí. Andar con Dios en realidad significa andar con el Espíritu Santo. Andar con Cristo cada díaen una relación de amor no es otra cosa que permitir que el Espíritu de Dios nos guíe. Aquí se habla de una relación intima. No puede existir separación entre el espíritu y nosotros. Dentro de nosotros, donde ninguna partícula de aire nos pueda separar.
Aceptando su presencia en nuestro corazón es cómo podremos andar con Dios. Permitiendo que él ocupe cada rincón de nuestro ser es como podremos caminar con Cristo.¿No es maravilloso?
Amar es una experiencia maravillosa ¿Amaste ya alguna vez? Quizá recuerdas el día en que declaraste tu amor
Un día antes no podías dormir, las manos te transpiraban, la voz no salía, temblabas todo por dentro. La señorita te miro con un brillo especial y finalmente cuando esperabas escuchar el tan soñado “SI”, ella, con un medido tono dulce y simpático, te dijo que precisaría un tiempo para pensarlo. Nunca podrás olvidar aquellos días de expectativa, especialmente cuando ella te dio la respuesta.
Tenias ganas de salir corriendo, de gritarle a todo el mundo: “Estoy feliz porque ella me acepto” al llegar a casa tomaste el teléfonos y empezaste a informar que tenias novia.
Por alguna extraña razón, tenemos la idea de que en el momento de la conversión nuestra lucha acaba y que, a partir de ese momento, no pecaremos más; seremos perfectos, en el sentido de ser un ejemplo de vida para los demás.
Pero, ¿Por qué a partir de ese momento en que nos entregamos a Cristo nuestra lucha se hace más grande y el conflicto aumenta?